Sunday, December 15, 2013

No dejo de llorarte



No dejo de llorarte

Por Anna Salazar Cabarcos


No dejo de llorarte cada noche,
cada día,
voy arrastrando tu recuerdo como una pesada losa:
estás vivo…
pero estás muerto…

El que eras ayer cuando aprendí a quererte se esfumó,
¿A dónde quedó el hombre que sentía, que lloraba?
¿Qué fue del hombre que rezaba abrazado a mí?
¿En qué parte se perdieron nuestros sueños, nuestras ilusiones?
sólo quedó un trozo de ser,
insensible y vacío…

¡¿Quién se robó tu alma?!
quisiera saber dónde encontrarla,
para llevarla de la mano de regreso a ti.
Hoy estoy de luto por tu causa,
porque estás vivo…
pero estás muerto…

Tu mirada otrora dulce,
es de un fondo oscuro que da miedo,
y tu voz de antaño cálida,
es de palabras cortas, tajantes, más frías que esta noche.

¿A dónde fueron a tirar tu risa de niño?,
para ir a recogerla y pegarla de nuevo a tu boca.
¿En qué lugar dejaste abandonado mi corazón?,
pues me ha quedado vacío el pecho,
con un hueco que duele al respirar,
que no me deja reír,
vivir.

Por dentro estoy vestida de negro,
tu ausencia me muerde las entrañas,
mi sangre es sólo agua.
Lo que eres hoy no lo conozco,
lo que fuiste antes es lo que lloro;
sí, mi alma estará eternamente ensombrecida por tu causa,
porque estás vivo…

¡pero mi gran amor de ayer está muerto!

Friday, December 13, 2013

La maldición del escritor

La maldición del escritor

Por Anna Salazar Cabarcos

Es la profesión más infame e ingrata que pueda existir: no por la profesión en sí, sino por cómo es  tratada y vista en la sociedad.

Los escritores somos limosneros que a cambio de unas monedas regalamos nuestros sentimientos, pensamientos materializados en letras, ideas, les facilitamos el trabajo a los “genios” que con nuestra labor se alzan en los brazos de la gloria, y se hacen ricos, famosos, cuando ellos  no son capaces de hilar dos ideas y ponerlas  impresas en un papel.

De la cabeza del escritor nacen bellas historias que son la columna vertebral, la base, los cimientos del producto que más tarde, llegará al público. Pero somos los que menos ganamos, a los que les cuesta y les duele pagar, a los que no importa que  no se les pague.

Somos los pendejetes sentimentales que se entregan a las causas, que se suman a los ideales que con vana palabrería y deshonesta destreza nos presentan: y creemos.  Somos presas de tiburones hambrientos que quieren hacer negocio a costa de nuestro talento, y que cuando ven la obra en el papel, la minimizan: “Yo hubiera hecho esto mejor” -se piensan- “¡Esto está tan fácil! ¡¿Y va a cobrar?!” -se preguntan a sí mismos- “¡Híjole, no hay dinero, no tenemos presupuesto! Aguántanos al 30 de febrero a ver si cae algo y te pagamos ¿Cómo ves?” -te  proponen- Mientras ellos se llenan los bolsillos de billetes sacando dinero de aquí y allá, vendiendo la idea del pendejete e iluso escritor al mejor postor.

Adivinaste: el 30 de febrero nunca llega…

Se necesita estar loco para ser escritor: pasar horas que parecen eternas sentado frente a una computadora, ajeno al tiempo que empuja las manecillas del reloj como esclavo, en círculos perfectos, con su martillito haciendo: tic-tac tic-tac.

¡De qué valen las letras en un mundo de números! ¡De que sirven los sentimientos en una humanidad seca! Seguramente hubiera ganado más poniéndome una diminuta minifalda y un corset a punto de estallar, parada por las noches en una esquina debajo de un farol, fumando un cigarrito con mirada matadora, seduciendo a clientes con el liguero de fuera; pero soy muy friolenta y no fumo.

Tal vez de ama de casa, viviendo cómodamente mantenida por el marido cuidando a los pequeñines, toda la tarde viendo novelas y haciéndome manicure, pero no quiero arriesgarme, tengo imán para los vividores; me case con dos. A lo mejor si hubiera seguido en la política sería muy rica, pero no me gusta decir mentiras.

¡Maldita suerte, sólo sé escribir!

¿Por qué me toco jugar este papel en la Cadena Alimenticia Social? ¿Por qué no fui piraña para tragarme a los estúpidos peces incautos que nadan como idiotas reventando burbujitas? ¡¿Por qué me toco ser pez incauto, aunque ame las burbujitas?! ¡Bah!

Ojala algún día prohíban ser escritor: duele el alma y aplana el trasero.






Wednesday, December 11, 2013

¡Méndiga muerte burocrática!

¡Méndiga muerte burocrática!

Por Anna Salazar Cabarcos
Hasta para morirte tienes que hacer  una antesala cansada, sufrida, como cuando te toca consulta en el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social).
Está bien, tenemos que “estirar la pata” algún día, lo acepto, pero quiero hacerle una propuesta a Dios, a San Pedro, San Cuilmas o quien sea el encargado de darnos el “levantón”: ¿por qué no nos evaporamos solamente? Si ya nos llegó la hora ¿por qué no explotamos como huevo en el microondas y se acabó, así, rapidito y sin dolor? (el problema será para el que tenga que limpiar el batidero que quedó de nuestra explosión). O simplemente nos cae un rayo divino y nos electrocuta instantáneamente.
Esto viene a colación porque acaba de morir la tía Chofi, mi comadrita adorada. Una mujer buena, contenta con la vida, pacífica, risueña, cariñosa que de un día para otro, hace exactamente tres meses, descubrió un granito insignificante en un pecho que a la postre, resultó ser un cáncer fatal y devorador que terminó con su vida apenas ayer. Lo mismo pasa con miles  de seres humanos todos los días: después de agotadora antesala finalmente cierran los ojitos para siempre, pero son meses esperando con angustia el desenlace, las horas pasan lentas y lo peor de todo, es que para hacer más odiosa la espera te atiborran de medicinas, te picotean las nachas con charolas de inyecciones, te dejan como coladera las venas de tanto piquete, caldos de pollo que saben a jugo de trapo por lo desabridos: prohibidos los tacos de carnitas, la barbacoa, los sopes de la esquina, tacos de suadero, las aguas de horchata… ¡total! que ni una cervecita bien fría para quitarse el sabor amargo que las medicinas  dejan… ¡que injusticia! ¡Así no se puede morir nadie a gusto!

Si algún día me tengo que morir ojalá que sea en mi cama, calientita, después de una noche de rumba, con los pies hinchados de tanto bailar, ronca de tanto cantar, el corazón exhausto de tanto amar… que de repente me evapore, que no me toque hacer una antesala como en el Seguro Social.


Tuesday, October 22, 2013

La ofrenda a los muertitos

La ofrenda a los muertitos

Por Anna Salazar Cabarcos

Lleven pues,
ánimas viajeras,
los tributos que ofrecemos hoy
en remembranza vuestra.

Acérquense ya, recuerdos efímeros,
a  entresacar con las uñas, lágrimas y añoranzas.

Carguen en sus ligeras espaldas la fruta,
el pan y el café de olla que les brindamos, 
el aguardiente, el dulce de calabaza
y los ramos de cempasúchil.  

Cuelguen como aretes las flores,
iluminen el cielo con la tenue luz de veladoras,
perfumen las nubes de incienso:
al son de la música de nuestros antepasados,
colmen de estruendos el universo.

Con el agua rieguen los campos floridos,
en donde aún yacen los restos de lo que fueron ayer;
que sean alimentados con vuestras cenizas.

Nuestra ofrenda es pobre tal vez,
porque no posee oro ni plata,
mas es rica por la devoción,
la nostalgia,
la espiritualidad,
pero sobre todo,
por los pensamientos que van acompañados de una oración,
hasta ese lugar,
en donde moran las almas por toda la eternidad.


Fantasma

Por Anna Salazar Cabarcos

Soy un fantasma atrapado adentro de una cárcel de huesos y carnes.

Quisiera volar lejos, irme a refugiar a una cueva en la montaña más alta del mundo sin sentir frío nunca más. O tal vez sumergirme en el mar  hasta llegar a los abismos y reposar, acostada sobre la arena virgen de sol, pues hasta allí jamás ha llegado un solo rayo. Ver a los monstruosos peces abisales alumbrarme con sus linternitas, mientras acercan sus gigantescas mandíbulas colmadas de dientes a mi holograma que no pueden devorarse, pues los fantasmas no se comen.

Quisiera ser la imagen de una fotografía, para quedarme congelada en el tiempo, en un instante feliz para siempre.

Quisiera ser un fantasma que nunca hubiera amado tanto, porque entonces sería un fantasma chocarrero, y no uno melancólico, nostálgico.


Pero no puedo… estoy encerrada en una cárcel de huesos y carnes, encadenada a las debilidades emocionales humanas; cadenas férreas, indestructibles, perseguida por los miedos, entristecida por los ayeres, anclada con dos pies a la tierra, agarrada al mundo por cuatro manos.



Friday, September 13, 2013

México



Por Ana Salazar Cabarcos


A ti,
amada tierra,
forjadora de los hombres
que hacen grande a nuestra patria,
dedico todos los amaneceres
que son símbolo de esperanza.

A ti, 
pueblo mexicano,
cándido y aguerrido
que llevas como estandarte
a la gran Guadalupana,
dedico miles de canciones
con el cantar de mi guitarra.

A ti,
México mío,
de colores vibrantes y encendidos,
con olor a adobe y nostalgia,
dedico una serenata
con las voces de cigarras.

Y así podría pasarme
dedicándote tantas cosas;
a tu urbe,
          a tu campo,
a tu espíritu,
         a tu gente,
al águila aposentada
en la diadema de tu frente.


Te levantas cual coloso
sobre el gran Popocatépetl,
en espiral hasta el cielo
para robar los misterios, 
de los confines del tiempo.

Por eso eres místico y tan bello,
mágico,
siempre eterno:
resguardado por jaguares,
perfumado con incienso
y por las alas de quetzales.

¡México!
Vestido de gran sarape,
con listones de ilusión;
¡en  oro tengo bordado,
tu nombre en mi corazón!

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Tuesday, September 10, 2013

Gatos

Por Anna Salazar Cabarcos

Gatos de la oscuridad…
que bailan al ritmo de las sombras,
con sinfín de fantasmas y duendes,
riendo y llorando sin cesar.

Gatos de la oscuridad…
amigos íntimos de la muerte;
arrastran cadenas y espíritus,
en las tinieblas de la soledad.

Gatos de la oscuridad…
que lanzan miradas de fuego,
gritando con voces de brujas,

danzando entre furia y placer.