Sunday, February 9, 2014

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Anna Salazar Cabarcos






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Saturday, February 8, 2014

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"Habia una vez..."
Novela revolucionaria


Monday, January 13, 2014

Sor Juana Ines de la Cruz

Sor Juana Ines de la Cruz

Desde niña, he sentido una profunda admiración por Sor Juana Inés de la Cruz. Les comparto un ejercicio que hice alrededor de los 17 años después de estudiar algunos de sus poemas. Dentro de las figuras retóricas, encaja en la categoría de retruécanos si no me equivoco. No sé si lo logre, pero aquí está un pequeño homenaje hecho en mi juventud, a mi inspiración poética: Sor Juana Inés de la Cruz.

Para cuando vuelvas
Por Anna Salazar Cabarcos

Más palabras ya no encuentro que decirte,
pues diciendo que te amo tengo mucho,
si olvidándome demuestras tu desprecio,
con desprecio me obligas a olvidarte.

Ayer morí por el hecho de quererte,
y tú fingiste quererme por mi muerte;
algún día volverás para buscarlo,
más mi amor, yo buscaré no devolverte.

Amarte
Por Anna Salazar Cabarcos

El amarte sé que escapa a la razón,
pues razonando no hallo lógica respuesta;
si un amor que es ignorado no razona…
¿se le llama irracional como condena?





Friday, January 10, 2014

Mi amante el neumococo
Por Anna Salazar Cabarcos

Sí, hay amores que pueden llegar a matar… ¡como tú!

Te obsesionas conmigo y cada invierno, sales de la cueva en donde pasas los días cálidos, escondido de la tibieza del aire y del sol ardiente, que te lastima y evapora.

Te vistes de gala con smoking y zapatos de charol, perfumado y bien peinado me persigues, me acosas en la tienda, en la calle, en el cine, llegas al descaro de meterte a mi casa.

Entonces, como los amantes perfectos te propones robarme un beso, entrar en mi boca y hacerme tuya. Lo logras, un escalofrío  me recorre, me posees, el cuerpo tiembla, el amor duele, y  tú dueles hasta los huesos.

Quieres llegar al corazón, pero los pulmones te ofrecen gran acogida y allí te quedas.  Sacas el equipaje y te pones cómodo con pijama, pantuflas y toda la cosa. Tapizas las paredes de materia viscosa para sentirte en casa y te tumbas en el sillón, creyendo que tu amor es correspondido.

¡No! ¡No te soporto! Siento herir tus sentimientos y destruir tu autoestima pero eres aborrecible.

¡Como quisiera que te olvidaras de mí y buscaras a otras; más fuertes, mas dispuestas a entrar contigo en los jugueteos del amor! Yo estoy cansada de ti ¿no te das cuenta? ¡Hoy no tengo fuerzas!



Tengo lista la escopeta cargada de penicilina… ¡yo no quería que las cosas terminaran así! ¡Vete ahora que puedes! Mientras tanto, ahogare mis penas amorosas en un caldito de pollo… ¡Mas vale sola, que mal acompañada!






Thursday, December 19, 2013

Un milagro de Navidad…
Por Anna Salazar Cabarcos

Me mandó un mensaje diciendo: “Mañana estén listas, vendrán conmigo a una cena para festejar la Navidad”… ¡¿Qué?! –Pensé casi en shock- ¡¿Cómo es posible que mi enemigo número uno, la persona que más daño me ha hecho en la vida, a quien no le han importado las desventuras y  peripecias que he tenido que pasar sola con mis hijas en un país ajeno al mío, por haberlo dejado todo “por amor”, para que después me colocara tremenda cornamenta; frondosa y bien calcificada, con quien me he dado hasta con la cubeta en la cabeza, me esté invitando a cenar?! ¡Si ni casados pasó una Navidad con nosotras! ¿Será que ahora sí viene el fin del mundo? ¿Estará poseído? ¿El pobre estaría siendo víctima de un lapsus esquizofrénico?

Quedé pasmada de la impresión, pero pensé: ¿y por qué no darme la oportunidad de vivir esa experiencia, dársela a él, a mis hijas? En la secundaria me gustaba la clase de ciencias, más cuando eran los días de ir al laboratorio: me gustan los experimentos, aunque, los experimentos tienen sus riesgos, porque igual tu ímpetu aventurero te lleva a descubrir algo maravilloso, como te hace explotar y quedarte sin dedos, todo chamuscado.

“Sí” –dije vacilante-, “Sí” –me repetí para convencerme-, “¡Sí vamos!” –asegure firmemente, valiente. " ¡Sí, sí, sí!" Y a lo hecho... ¡pecho!

Dio la hora acordada, pasó por mi hija pequeña y por mi a la casa. Me subí a su camioneta… ¡si, a su camioneta! ¡Yo, ahí, sentada, junto a él, sin quererle dar un puñetazo en la cara y él, manejando a un lado de la maldita bruja que va linda y perfumada!… ¡¿What?! ¡Que locura!

No sabíamos que decir… sólo nos hemos ofendido, reclamado e insultado durante 5 años… ¿Qué le digo? ¿Qué me dice? Superficialidades, lo más cómodo y fácil en estos casos.

Llegamos a un lindo restaurant de comida italiana, nos condujeron a la mesa, pedimos algo de aperitivo. Nuestra  pequeña hija se veía radiante, feliz, su carita iluminada, y me dije: “Por esta carita… ¡todo vale la pena!”. Al poco rato llegó la hija mayor con su esposo: no entró la mujer de 22 años que era 10 minutos antes de llegar al lugar: entró una sonriente e ilusionada  niña de 10 años a reunirse con sus padres... ¡mis hijitas!

Bien: la familia estaba completa. Él se veía contento, en paz, amable. Comenzaron a platicar, a contar anécdotas divertidas, a reír, entonces  puse la palanca en automático y dejé  sentado allí a mi cuerpo, mientras mi espíritu se colocó a distancia para contemplar, con emoción, aquella hermosa postal viviente de los milagros que suceden en la Navidad.

En esa mesa no existía rencor, ni dolor, no había rastros de sufrimiento y los reproches al parecer andaban de vacaciones.  La gente que cenaba en el restaurant fue absorbida a otra dimensión y desaparecieron, era un universo en donde sólo existíamos 5 personas que acababan de nacer en ese instante. Los recorrí uno a uno y en verdad estaban felices, no era pose o compromiso… ¡era real! Música de piano, luz ambar, linda decoración, cena deliciosa: producción  perfecta para esta escena de la película que rodamos sobre la historia de nuestras vidas… ¡Ya quisiera  Hollywood!  Las risas y la emoción de dos hijas, un querido yerno que vale oro, el papa de mis hijas…o sea, el ex…y yo… y yo viviendo un momento que jamás imaginé.

Como en el cuento de Cenicienta el reloj comenzó a romper la ilusión a campanadas. Como burbujas de jabón las pompas se fueron reventando poco a poco. La gente del restaurant comenzó a salir de la puerta dimensional que los había tragado y fueron apareciendo sentados, como si nada hubiera sucedido.

Mi espíritu los besó uno a uno y regresó a su cuerpo plácido. Marifer y Travis se despidieron y marcharon.  Él nos trajo a casa: “Gracias por esta noche inolvidable” –acerté a decir- , “Por nada, gracias a ti” – me dijo amablemente.

Entramos a casa Monse y yo,  cerré con seguro la puerta, la camioneta partió y con ella, una de las noches más memorables de mi vida. Mi hijita inmensamente feliz me dijo: “¡Mami, yo le había pedido este deseo a Dios: ver a mi mami y a mi papi juntos algún día! ¡Se me cumplió mi deseo!”

Los milagros existen… ¡esta noche fuimos los participes de uno de ellos!


Fin de la escena. 

Sunday, December 15, 2013

No estaba muerto...

No estaba muerto…
Por Ana Salazar Cabarcos

Me paro en medio de la oscuridad, en la estación del tren que apagó las luces y las voces hasta el día de mañana. Los rieles yacen cansados, rígidos y fríos en la noche solitaria.

Allí estoy, oyendo la respiración tibia que lanza nubes por mi nariz. Estamos solo las luciérnagas y yo. La soledad tiene sonido, la nada se oye como el mar atrapado que vive adentro de los caracoles.

Entonces, siento que mi corazón se tambalea en la repisa que tengo metida en el tórax, lo saco, esta helado, no es rojo, es azul como un cadáver de la morgue. Lo acaricio pero no reacciona, lo beso pero no se emociona como antes con los besos.

Siento tanta nostalgia por tener algo muerto injertado en las entrañas, que comienzo a llorar. Las lágrimas resbalan lentas, tibias, insípidas pues de tantas, la sal se ha terminado. Una cae encima del corazón, dos, tres, una cascada… mojado, se comienza a pintar de rosado, se vuelve rojo,  convulsiona  tímido  al principio y encarrerado, se contrae y se expande pleno. Entonces…no está muerto… ¡no lo está!

Resucitado, acurrucado entre mis manos flotando en una alberca de lágrimas, me dice que está vivo pero prefiere estar dormido. Cierra los ojitos, lo seco de lágrimas y lo tapo con un pañuelo. Le canto una canción de cuna y al besarlo para despedirnos, se estremece.

Lo vuelvo a poner en su sitio: en la repisa del tórax y cierro.

Ya va a amanecer, el sol comienza a estirarse y  muestra los brazos  de luz allá, en el horizonte negro salpicado con agujeros brillantes.

Las voces, los pasos, los perros, la mujer que vende flores, el ciego, el cojo, el tren regresan.


Me voy a casa.


No dejo de llorarte



No dejo de llorarte

Por Anna Salazar Cabarcos


No dejo de llorarte cada noche,
cada día,
voy arrastrando tu recuerdo como una pesada losa:
estás vivo…
pero estás muerto…

El que eras ayer cuando aprendí a quererte se esfumó,
¿A dónde quedó el hombre que sentía, que lloraba?
¿Qué fue del hombre que rezaba abrazado a mí?
¿En qué parte se perdieron nuestros sueños, nuestras ilusiones?
sólo quedó un trozo de ser,
insensible y vacío…

¡¿Quién se robó tu alma?!
quisiera saber dónde encontrarla,
para llevarla de la mano de regreso a ti.
Hoy estoy de luto por tu causa,
porque estás vivo…
pero estás muerto…

Tu mirada otrora dulce,
es de un fondo oscuro que da miedo,
y tu voz de antaño cálida,
es de palabras cortas, tajantes, más frías que esta noche.

¿A dónde fueron a tirar tu risa de niño?,
para ir a recogerla y pegarla de nuevo a tu boca.
¿En qué lugar dejaste abandonado mi corazón?,
pues me ha quedado vacío el pecho,
con un hueco que duele al respirar,
que no me deja reír,
vivir.

Por dentro estoy vestida de negro,
tu ausencia me muerde las entrañas,
mi sangre es sólo agua.
Lo que eres hoy no lo conozco,
lo que fuiste antes es lo que lloro;
sí, mi alma estará eternamente ensombrecida por tu causa,
porque estás vivo…

¡pero mi gran amor de ayer está muerto!