No estaba muerto…
Por Ana Salazar Cabarcos
Me paro en medio
de la oscuridad, en la estación del tren que apagó las luces y las voces hasta
el día de mañana. Los rieles yacen cansados, rígidos y fríos en la noche
solitaria.
Allí estoy,
oyendo la respiración tibia que lanza nubes por mi nariz. Estamos solo las luciérnagas
y yo. La soledad tiene sonido, la nada se oye como el mar atrapado que vive
adentro de los caracoles.
Entonces, siento
que mi corazón se tambalea en la repisa que tengo metida en el tórax, lo saco, esta
helado, no es rojo, es azul como un cadáver de la morgue. Lo acaricio pero no
reacciona, lo beso pero no se emociona como antes con los besos.
Siento tanta
nostalgia por tener algo muerto injertado en las entrañas, que comienzo a
llorar. Las lágrimas resbalan lentas, tibias, insípidas pues de tantas, la sal
se ha terminado. Una cae encima del corazón, dos, tres, una cascada… mojado, se
comienza a pintar de rosado, se vuelve rojo, convulsiona tímido al
principio y encarrerado, se contrae y se expande pleno. Entonces…no está muerto…
¡no lo está!
Resucitado, acurrucado
entre mis manos flotando en una alberca de lágrimas, me dice que está vivo pero
prefiere estar dormido. Cierra los ojitos, lo seco de lágrimas y lo tapo con un
pañuelo. Le canto una canción de cuna y al besarlo para despedirnos, se
estremece.
Lo vuelvo a
poner en su sitio: en la repisa del tórax y cierro.
Ya va a
amanecer, el sol comienza a estirarse y
muestra los brazos de luz allá,
en el horizonte negro salpicado con agujeros brillantes.
Las voces, los
pasos, los perros, la mujer que vende flores, el ciego, el cojo, el tren
regresan.
Me voy a casa.
Una obra de arte Anna, precioso por donde se lo mire, para aplaudir de pie, besos
ReplyDeleteGracias! Tu sabes mas que nadie (porque eres escritor, poeta), que son letras que traemos adentro y buscan la manera de salir, acomodandose como mejor les place. La foto es real... asi me sentia...Un abrazo fuerte Marcelo!
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