Sunday, December 2, 2012

Te vas… me voy…


Te vas… me voy…

Por Ana Salazar Cabarcos

Te amo porque tu espíritu es libre como el mío,
porque vienes cargado de besos que me pegas en la piel
y te vas…

Me dices quedito al oído lo que yo quiero escuchar,
te enredas en mi pelo,
te entrelazas en mis dedos
y no,
no te quedas…
te vas…

No necesito mitades, 
soy entera y completa puedo ser de ti,
e íntegra como soy,
tomo mi capa de estrellas
y no me quedo… 
me voy...





Wednesday, September 12, 2012

"Habitantes del 4to piso"

Dolor de espalda
Por Anna Salazar Cabarcos


A todos los habitantes del cuarto piso (o sea los de 40 pa’rriba), quiero compartirles un descubrimiento que hice accidentalmente y quizás a ustedes les pueda ayudar. A raíz de un percance que tuve hace un par de décadas (de diez años cada una, claro) , he sufrido de dolor de espalda. Últimamente los dolores eran más fuertes y a veces lloraba a moco tendido. Dejé de hacer el sagrado ejercicio que realicé por 4 años consecutivos, en 6 meses he subido unos kilitos… ¿o kilotes? Aunque en gustos se rompen géneros, porque hay hombres inteligentes y divinos a los que les gustan las mujeres rellenitas de amor… whatever! En México me hicieron unas placas; no del coche porque allá ni manejo y para mi mala suerte, cuando manejo no me escapo de las “mordidas”, unas radiografías para verme más correcta, y el doctor (por cierto muy guapetón), me dijo que estaba sufriendo de deterioro de los discos de la columna, se estaban haciendo cóncavos en lugar de cuadrávalos, o sea con un huecóvolo en medióvolo. Como tengo la sangre más fría que la de un cocodrilo, lo tomé como un desafío y me dije a mí misma: “Mí misma, tienes que encontrar el remedio más eficaz para ayudar a los discos de tu columna, antes de que  termines transportándote acostada en una patineta”. Regresé a mi amada tercera patria y comencé a hurgar en prestigiosas revistas de investigación:  primero en TV Notas, luego en TV y Novelas y hasta en el periódico Alarma de la ciudad de México, hasta que desfallecida, derrotada, meditabunda,  me fui a comprar “Colageno” pensando: “Bueno, si al rato ya no puedo caminar, de perdida me veré bonita y sin arrugas, con mi cabello y uñas lindas”. Tomé las primeras 3 pastillas, al rato 6, 9, 12 (porque son de tres en tres y aunque están grandotas, con un buchezote de agua si pasan, más si al final das unos brinquitos)… ¡Milagro! ¡De repente me dejó de doler la espalda! Entonces puse en google search: “propiedades del colágeno” y encontré maravillosa información:

1.- Colágeno se ha utilizado ampliamente en cirugía estética, como una curación ayuda para los pacientes de grabación para la reconstrucción del hueso y una amplia variedad de propósitos dentales, ortopédicos y quirúrgicos.

2.- Es fundamental mantener un nivel eficaz de colágeno en el organismo, ya que no solamente interviene directamente en mantener la juventud de la piel, sino que también es un componente principal de todos los tejidos como los huesos, músculos, tendones y ligamentos... esencial también para mantener un buen nivel de actividad física y vitalidad.

3.- BENEFICIOS DEL COLÁGENO
  • Puede disminuir el dolor, la inflamación, el edema y la rigidez de la artritis reumatoide, la osteoartritis, la artritis juvenil y la gota.
  • Interviene en la reparación del tejido cartilaginoso.
  • Fortalece los huesos, las articulaciones y las uñas.
  • Mejora la firmeza de la piel y ayuda a cicatrizar las heridas.
  • Fortalece el cabello.
  • Favorece la recuperación el cuerpo después del ejercicio

¡Ya no me duele la espalda y ahora sí estoy lista para comenzar a hacer ejercicio de nuevo!… el problema ahora es que me da flojera jajajaja.
El que yo tomo se llama: “Super Collagen + C” y si lo buscan en internet sale en 68.00 dólares más gastos de envío, pero como soy abusadilla busqué y busqué hasta que lo encontré en Sam’s Club, a 17.00 dólares más los gastos de un rebanada de pizza y una soda que se me antojaron en la cafetería de Sam’s. Para los que sufran de dolor de espalda o dolores óseos y musculares ésta es una buena opción, recuerden antes que nada que si están tomando medicamentos o son alérgicos a algunas sustancias  deben consultarlo con el doctor, el yerbero o su brujo de Catemaco.
Hasta pronto!


Wednesday, September 5, 2012

Ser comediante

Por Ana Salazar Cabarcos

Ser comediante es una de las cosas más difíciles y a la vez, gratificantes que existen. Trabajas en soledad dependiendo únicamente de tu talento, de pronto te encuentras en un escenario que parece eterno, en una playa desierta de piso de madera y una decena de soles en forma de reflectores cegándote, iluminando cada centímetro de la anatomía, exponiéndote de lleno a la crítica y a la observación minuciosa. Del otro lado, escondidos tras la luz cegadora, cientos de ojos puestos en la figura parada en medio de la nada, con las bocas horizontales y los oídos ávidos de escuchar cómo ése osado ser, transforma lo cotidiano en fabuloso, parodia el dolor y la tristeza, se mofa de la vida, de la muerte  y de sí mismo.

El comediante sublima al peladito de la calle, a la sirvienta pueblerina, al mendigo, al borrachito dicharachero, a personajes que en la vida diaria pasan inadvertidos y que allí, son el centro del universo, el eje que hace girar la imaginación y a bofetadas, despiertan al humor que reacciona a carcajadas.

Para ser comediante se debe ser valiente, aprender a reírse de uno mismo rayando en ocasiones en una crueldad que a la larga, cubre de callos  la autoestima y la hace indestructible, férrea, sólida como un muro de concreto. Sólo venciendo el temor a la crítica y la autocensura, encontrará  libertad para crear.

Pero contrariamente a lo que pudiera pensarse, es un ser altamente sensible porque para encontrar el humor de la vida: que es como buscar pepitas de oro en un río de aguas revueltas, sus sentidos están sumamente desarrollados, y sufre, se acongoja, se siente incomprendido en un mundo al que poco le interesa reír o ser feliz.

Al terminar el espectáculo el artista guarda los aplausos en su caja de maquillaje, las risas las enreda en la peluca o debajo del sobrero y marcha, solitario, a refugiarse a su guarida en donde a veces existe más dolor y tristezas que en otros lugares, en donde hay soledad, desamor… a veces hambre… al mundo que nadie conoce porque nadie podría concebir que un artista de la risa pueda sentir tristeza o pasar penurias.

A veces se es menospreciado, mal pagado y visto como un accesorio más de los espectáculos en donde se da prioridad a la belleza física antes que al talento. El comediante es un ser mágico, valeroso, creativo y digno al que se le debe querer y respetar, pues tienen la misión de hacernos olvidar las tragedias diarias y aunque sea por un momento, transportarnos a un mundo en donde una vez adentro, no puedes dejar de reír.

Dedicado a todos mis compañeros comediantes, con todo mi amor y respeto.

Friday, August 31, 2012

Marifer


Por Ana Salazar Cabarcos

Resguardada en el escudo de tu imagen,
me hago rizos con las cintas de tu risa,
esperando con paciencia a que amanezca,
y salga el sol,
ese sol que es sólo nuestro.

Por las noches te cobijo con mis manos,
que espantan a fantasmas de mi angustia,
dándome el calor que fortalece,
con tu halo que me toca como brisa.

Déjame asomarme mientras duermes,
al fantástico mundo donde habitas,
coloreándote los sueños con mi brocha,
escribiendo las historias con mi tinta.

A la hora de mi muerte ya no temo,
pues seguiré viviendo en tu sonrisa,
en el contexto de tu voz y tus palabras,
en el brillo de tus ojos cuando miras.

Sólo vivo y existo por tu causa,
enlazada a la tierra por tu magia,
si un día parto,
no llores,
va mi alma,
contigo hija… ¡en todas tus batallas!




México


Por Ana Salazar Cabarcos

A ti,
amada tierra,
forjadora de los hombres
que hacen grande a nuestra Patria,
dedico todos los amaneceres
que son símbolo de esperanza.

A ti,
pueblo mexicano,
cándido y aguerrido
que llevas como estandarte
a la gran Guadalupana,
dedico miles de canciones
con el cantar de mi guitarra.

A ti,
México mío,
de colores vibrantes y encendidos,
con olor a adobe y nostalgia,
dedico una serenata
con las voces de cigarras.

Y así podría pasarme
dedicándote tantas cosas;
a tu urbe,
          a tu campo,
a tu espíritu,
         a tu gente,
al águila aposentada
en la diadema de tu frente.

Te levantas cual coloso
sobre el gran Popocatépetl,
en espiral hasta el cielo
para robar los misterios,
de los confines del tiempo.

Por eso eres místico y tan bello,
mágico,
siempre eterno:
resguardado por jaguares,
perfumado con incienso
y por las alas de quetzales.

 ¡México!
Vestido de gran sarape,
con listones de ilusión;
¡en  oro tengo bordado,
tu nombre en mi corazón!






Tuesday, August 28, 2012

Entre el odio y amor.


Por Ana Salazar Cabarcos

Juré no sentir más odio por ti,
porque el odio es hermano del amor,
así que de un solo tajo arranqué ambas cosas:
odio y amor,
los tuve  entre en mis manos
que eran como garras.

Ese día me desangré,
aullé de dolor,
me revolqué de angustia muchas lunas,
mis lágrimas inundaron más de una vez la habitación,
me monté en un bote
y partí sobre esas aguas saladas de mis ojos,
a un mar sin color;
allí no existía ni el cielo ni la tierra,
no había principio ni  fin.

Tomé con rabia ambos sentimientos:
Odio y amor…
los agarré del cuello y los sumergí sin piedad,
ignorando sus gritos,
su desesperación,
y cuando dieron el último suspiro
me sentí liberada,
ya no más esclava de ellos dos.



¡Ah, qué tiempos señor don Simón!


Por Ana Salazar Cabarcos

Hoy un amigo me hizo recordar aquellos tiempos de la niñez,  épocas lejanas que han pasado como ráfaga pisoteando no sólo el calendario, sino también  por encima de nuestra humanidad, arrugándonos la piel con el arrastre de las patas del reloj, dejándonos cada vez más sordos con el eterno tic-tac que no para, hasta el día de nuestra muerte.

¡Cómo olvidar la época de lluvias! En la ventana estaba atenta con  mi hermano un año menor que yo, esperábamos ansiosos a que parara de llover; como espejismo brillaban los gigantescos charcos. A escondidas de mi mamá, salíamos a brincar, a retozar, a chapotear en el agua turbia de la improvisada laguna. Lo mejor venía al pasar los días y el agua estancada comenzaba a descomponerse. En su hediondez brotaba a la vida  un ejército de mosquitos acuáticos, de diminutos insectos parecidos a “caballitos de mar”, los que atrapábamos en vasitos para contemplar cómo se retorcían como resortes. Pero el premio mayor eran los ajolotes: unos animalitos con cuerpo de bola y cola resbalosa, sus branquias parecidas a plumas y una boca en forma de extraña sonrisa, de patitas minúsculas  (también conocido como el “”monstruo de agua”” ó “pez mexicano que camina”: fue parte clave de las leyendas y la dieta de los aztecas). 

Y luego los ventarrones que levantaban la tierra de la naciente Ciudad Nezahualcóyotl, formando una  especie de tornados de color amarillo, llevándose a su paso los techos de lámina de las humildes casas, y con ellos, uno que otro bebé que sin imaginar que la tragedia merodeaba, se mecía como en capullo  en la hamaca que colgaba de las vigas endebles de la pobre choza. No conocíamos de gérmenes: todos le mordíamos a la torta de todos. Los más pudientes las llevaban de jamón con queso, de huevo, de milanesa, mientras los menos afortunados no pasaban de la eterna, pero fiel, torta de frijoles. 

El día de Reyes todos los niños en la calle, prestándonos los juguetes: contando cómo escuchamos a Melchor entrar a la casa, o a Baltazar y Gaspar acomodar los regalos en la sala, los más osados juraban incluso haberlos visto. En la tarde la deliciosa Rosca de Reyes con un chocolate espumoso y calientito, tenía que ser chocolate Abuelita, claro.Bebíamos agua de la llave; aún viniendo de cisternas llenas de lama, insectos, lombrices e incluso filtraciones de lodo… no nos enfermábamos. Afuera de la primaria no podían faltar los vendedores ambulantes, con sus mesitas mugrosas repletas de dulces, de chicharrones de harina “preparados” con “cueritos” de cerdo, col picada  y salsa picosísima.Nos teníamos que comer todo lo que sirviera mamá, incluso hígado, no éramos “especiales” como los niños de hoy, que necesitan menús sofisticados y se la pasan seleccionando del plato lo que “no les gusta” porque “se ve feo”, comíamos jitomate, mayonesa, aguacate, tortillas: comíamos con la boca, no por los ojos.

¡Qué rápido pasa el tiempo! Lo bueno es que yo disfruté al máximo mi época de niña: subí a los árboles, me caí una y otra vez, rompí muchos zapatos de tanto correr por los empedrados, me pelé las rodillas infinidad de veces, me metieron jalada de la oreja directito al baño: sudorosa, llena de tierra, de lodo. 

En la época de lluvias nunca faltó en mi cuarto el vaso de agua apestosa con un preciado contrabando de ajolotes, o la huevera de alambre con lagartijas, o una víbora que se me escapó y  acabó tristemente sus días al esconderse en la pantufla de uno de mis hermanos: al meter el pie casi muere del susto… y la apachurró. Si esas épocas fueron  maravillosas… ¡las que vienen tienen que ser espectaculares!