© 2013 Anna
Salazar Cabarcos
Me encontraba entretenida regando mi pequeño pero bien
cuidado jardín, después de haber cortado los botones marchitos del rosal. A las
11 de la mañana el sol coqueteaba con el cielo haciéndolo tibio; más tarde irían
entrando en confianza hasta llegar a una pasión calcinante.
De pronto, alguien interrumpió el acicalamiento de las
flores, la faena de las hormigas, la ruta aérea de las mariposas… traía la cara
sombría, me veía con lastima, temía decir palabras. Rápido, queriendo salir lo más
pronto posible de mi casa, se apuró a decirme que él, había muerto.
No sé qué fue lo que siguió después, no recuerdo si se fue de
inmediato o se quedó por unos instantes allí, viendo como yo me aferraba a la
rama del rosal sin sentir que las espinas, me atacaban cual cuchilladas, haciendo
sangrar la palma de mi mano.
Ahora el problema era cómo darle la noticia para no
lastimarlo: a ese que a veces es demasiado bonachón, otras un poco amargado y
por las experiencias vividas, se volvió desconfiado. Tuve que hacerlo.
Toqué despacito y abrí la puerta de mi pecho. Allí estaba él,
al fondo del tórax sentado en un hermoso y confortable sillón. Fumaba un purito
cubano, relajado, pensativo.
-Hola –le dije tímida- ¿puedo hablar contigo unos instantes?
-¡Claro! -respondió sin mirarme- Tu rosal ha crecido mucho… ¡cómo
me gusta cuando pones sus rosas blancas en el jarrón de la habitación!
- Tengo algo que decirte…
- ¿Sabes? Cuando lo trajiste a casa en una macetita y se llenó
de plaga, creí que no se salvaría ¡eres buena para la jardinería! ¡Y el tulipán!
¡Que flores, Dios mío!
- No vine a hablar de flores contigo –lo interrumpí.
- Habla, pués… -muy serio aspiró del puro, que puso al rojo
vivo su cola de tabaco.
- Él ha muerto…
Me quedé unos instantes parada esperando una reacción:
llanto, enojo, tristeza, unas palabras, algo… pero nada, sólo miraba fijamente
a través de una ventana por la que se veía un hermoso bosque con tonos rojos.
Me cansé de esperar y me recargué en las costillas, hasta que por fin volteó la
cara y me miró fijamente.
-
A los muertos no se les llora dos veces - dijo-,
hace algunos años murió para mí, sentí que el mundo se derrumbaba, creí que me detendría,
no encontraba razón para continuar trabajando por unas vísceras que furiosas me
lanzaban veneno, para un cerebro desquiciado, para unos brazos y piernas sin
rumbo, para unos ojos que sólo servían para llorar. Mira -se levantó del sillón
y subió la camisa, me enseñó varias cicatrices en su torso-, no te imaginas cuánto
dolor me causaron éstas heridas, pero hoy están cerradas, perfectamente
cerradas.
-
Entonces ¿qué debo hacer? -pregunté totalmente
confundida.
-
Vive con alegría… -se acercó más a mí y me tomó
de ambas manos, miró directamente a mis ojos con ternura- Solo vive y lucha por
ser feliz, has que me respeten y se la dueña de tu universo, nunca más le
entregues las riendas de tu vida a nadie… ¡ah! Y no lo olvides: a los muertos
no se les llora dos veces.
Nos fundimos en un abrazo: él beso mi mejilla y yo su ventrículo
derecho. Era tiempo de retirarme, regresó al sillón, agarró el purito cubano y
lo revivió de una profunda aspiración. Su mirada retornó al bosque rojo,
sentado allí con su bata de satín color purpura parecía un poeta, de esos locos
que escriben lo que viven y lo que no, como mágicos camaleones que son.
-¡Hasta pronto señor corazón!- Cerré las puertas del tórax y retorné a mi
labor en el jardín, recogí un gran ramo de rosas blancas y lo coloqué en un jarrón.
Me encanto!!! y ese corazón tiene razón en muchas cosas 1ro siempre lo sabe aunque no quiera aceptarlo, 2do debemos de cuidarlo como el mas preciado tesoro y no exponerlo o e esa formas nos estamos privando e vivir experiencias increibles? que sera lo mejor atreverse y arriesgarse o simplemente vivir cuidando nuestra tranquilidad.
ReplyDeleteLo mejor es atreverse y arriesgarse pero... no volver a caer en los mismos errores y peor aun, dejar nuestra felicidad en manos ajenas. Ser felices es una responsabilidad personal y cuando alguien sale (o lo sacas jajaja) de tu vida, sale para siempre, la gente que se queda parada en mitad del pasillo solo estorba...no deja entrar a mejores seres humanos a tu vida!
ReplyDeleteBella reflexión!!! Quién se detiene a hablar con su propio corazón acerca de todas la penurias de la vida y sin dejarse llevar por el arrebato que causa el placer de decirse amad@. Deberíamos de sentarnos de vez en cuando junto a él y analizar las situaciones que se van presentando en esta historia llamada VIDA. Gracias por seguir deleitándonos con tus letras.
ReplyDeleteMau mil gracias por apoyarme siempre!!!
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